Al hablar de evaluación tanto profesores como estudiantes la identifican como sinónimo de calificar, de medida «objetiva y precisa» de la capacidad y aprovechamiento de los estudiantes.
Comenzaremos analizando los conceptos de evaluación y calificación para poder realizar esta contraposición de la manera más objetiva y esclarecedora posible.
El concepto de evaluación es amplio cuanto menos. Podríamos definirlo como el proceso para obtener información y usarla para elaborar juicios para utilizarlos con el fin de tomar decisiones.
Calificar se puede definir como el simple hecho de, mediante un código establecido, medir los resultados obtenidos en la evaluación con los objetivos previstos en el currículo del curso.
Es por eso por lo que la calificación no es más que una parte de la evaluación. Es un paso del camino y no el destino. Esto es lo que en la mayoría de los casos significa para los alumnos, aprobar, pasar la asignatura. Pero ¿aprobar la asignatura significa realmente aprender? ¿la meta de los estudiantes es aprender o si aprueban el aprender pasa a un segundo plano?
¿Qué es lo que diferencia a un alumno que haya obtenido en su examen un 4,8 de su compañero que ha obtenido un 5 a parte de el hecho de que uno ha aprobado y otro ha suspendido?
Aunque la calificación se puede considerar como parte de la evaluación hay una gran diferencia entre evaluar y calificar, que no siempre refleja las capacidades reales del alumno.
La mera nota numérica de los exámenes supone una presión innecesaria para los alumnos, el día del examen deberá “demostrar todo lo que sabe” sin contar con todo el esfuerzo que ha estado realizando día a día. Además, también puede suponer una desmotivación para el alumno que se esfuerza día a día para dar lo mejor de sí mismo y obtiene peor nota que otro compañero que poco o nada se ha esmerado.
Esta forma de entender la forma en la que se mide el aprendizaje y rendimiento de los alumnos hace que se centren en la nota y no en aprender. En memorizar todo el contenido posible para llegar al examen, «escupirlo» y al día siguiente no recordar nada.
Es necesario cambiar el hecho de que alumnos, profesores y padres confundan los términos de evaluación y calificación y trabajar en conseguir metodos de evaluación equitativos para todos los alumnos y que logren el máximo rendimiento y motivación de los estudiantes.